Calles curiosas de Barcelona: rincones con historia que merece la pena descubrir    

Barcelona tiene muchas formas de sorprender. Puede hacerlo a través de la arquitectura modernista, de sus plazas, de los mercados o de los edificios que han convertido a la ciudad en uno de los destinos urbanos más reconocibles de Europa. Sin embargo, existe otra manera de conocerla que requiere algo tan sencillo como caminar y recorrer sus calles. 

En el centro histórico sobreviven pequeños trazados que cuentan cómo fue creciendo la ciudad, qué oficios ocuparon sus barrios y hasta qué personajes dejaron huella entre sus vecinos. Algunas destacan por sus reducidas dimensiones; otras, por nombres que parecen sacados de una novela. También las hay rodeadas de leyendas que han pasado de generación en generación, aunque no siempre exista una única explicación sobre su origen. 

Las calles curiosas de Barcelona permiten conocer esa parte menos evidente de la capital catalana. En este recorrido encontrarás algunos de los rincones más peculiares de Ciutat Vella y las historias que se esconden detrás de sus nombres. 

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Carrer de les Mosques, un callejón de apenas metro y medio 

El Carrer de les Mosques tiene aproximadamente 1,5 metros de anchura en su tramo más estrecho, una característica que lo convierte en uno de los espacios viarios más singulares de la ciudad. Se encuentra entre los alrededores del Carrer de Montcada y el Carrer dels Flassaders. 

Su denominación tampoco es moderna. Ya existía con ese nombre en el siglo XV y la explicación tradicional apunta a la acumulación de moscas y residuos asociada a la actividad comercial de la zona. Su cercanía a los antiguos mercados habría contribuido a que los vecinos terminaran identificando el lugar de esta manera. 

El espacio actual permite imaginar hasta qué punto el entramado medieval podía ser irregular. Frente a las grandes avenidas diseñadas siglos después, este pequeño callejón conserva una escala completamente diferente. 

Carrer dels Petons y una historia que no tiene una sola respuesta 

Pocos nombres despiertan tanta curiosidad como el Carrer dels Petons. Se trata de un callejón sin salida situado cerca del Passeig de Picasso y del Carrer del Comerç, en el entorno de la Ribera.  

Curious streets of Barcelona: corners with history worth discovering

La explicación más popular está relacionada con los condenados a muerte de la antigua Ciutadella, a quienes la tradición sitúa despidiéndose de sus familiares en este punto. Es una historia conocida, pero no debe confundirse con un hecho histórico demostrado. De hecho, existen argumentos cronológicos que ponen en duda esta interpretación. 

La hipótesis considerada más plausible relaciona el topónimo con un vecino llamado Joan Pontons, que vivía en la zona durante el siglo XVII. Con el paso del tiempo, su apellido podría haber evolucionado hasta convertirse en “Petons”. Antes de adoptar esta denominación, el callejón tuvo otros nombres, entre ellos el de Jaume Negre y Fusina. 

Más allá de cuál fuera su origen exacto, la vía se ha convertido en uno de esos rincones que despiertan la imaginación. Su estrechez, el hecho de no tener salida y las fachadas que la rodean contribuyen a crear una atmósfera muy particular. 

Carrer de l’Oblit, la calle que nació de un olvido 

Hay nombres de calles que recuerdan a personajes, oficios o acontecimientos importantes. Y después está el Carrer de l’Oblit, cuyo nombre resulta curioso precisamente por la historia que hay detrás. Situado en el barrio de Horta, este pequeño rincón de Barcelona conserva una denominación que, según la tradición, habría surgido de una curiosa confusión. 

La historia cuenta que, cuando se fueron organizando y nombrando las calles de la zona, este pequeño tramo quedó fuera de los planos y se olvidaron de ponerle nombre. Con el paso del tiempo, aquella ausencia terminó convirtiéndose precisamente en su denominación: Oblit, que en catalán significa “olvido”. 

Más allá de la anécdota, el nombre refleja una de esas pequeñas historias que han quedado escondidas en el mapa de Barcelona. No hace falta que una calle sea monumental o aparezca entre los lugares más conocidos de la ciudad para despertar curiosidad. A veces basta con descubrir por qué se llama como se llama. 

El Carrer de l’Oblit es, por eso, una parada diferente para quienes disfrutan recorriendo barrios de Barcelona con una mirada más atenta. Su nombre invita a detenerse y preguntarse cuántas otras historias pequeñas permanecen todavía detrás de las calles que atravesamos cada día.  

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Carrer de l’Allada-Vermell, cuando dos calles se convierten en una    

El Carrer de l’Allada-Vermell es interesante por una razón diferente. Su propio nombre recuerda que esta vía nació de la unión de dos calles antiguas: Allada y Vermell. 

La denominación “Allada” se ha relacionado tradicionalmente con el ajo, mientras que “Vermell” se ha vinculado a las actividades artesanales que se desarrollaban en esta parte de la ciudad. Algunas interpretaciones lo relacionan con los productos utilizados por antiguos curtidores de la zona.  

Actualmente, la calle forma parte de uno de los sectores con más personalidad del Born. Sus edificios, terrazas y espacios peatonales hacen que sea un buen punto para detenerse durante un paseo entre la Ribera y Sant Pere. 

Carrer de Petritxol, una calle pequeña con mucha tradición 

No todas las vías singulares tienen que ser estrechas hasta resultar incómodas ni esconder una leyenda. El Carrer de Petritxol, en las inmediaciones de la plaza del Pi, destaca por su tradición comercial y por la personalidad que ha mantenido dentro del centro histórico. 

 

Su recorrido es corto y peatonal, pero forma parte de una zona especialmente interesante para quienes disfrutan caminando entre edificios históricos, establecimientos tradicionales y pequeñas plazas. 

Además, es un buen ejemplo de cómo una calle puede convertirse en un destino por sí misma. Aquí el atractivo no reside en un único monumento, sino en la suma de arquitectura, comercio y ambiente urbano. 

Una forma diferente de conocer Barcelona 

Las grandes avenidas explican una parte de Barcelona, pero son sus calles estrechas y sus pequeños rincones los que esconden algunas de sus historias más curiosas. El Carrer de les Mosques conserva un nombre documentado desde hace siglos y ligado al pasado de la zona; el Carrer dels Petons mantiene un origen rodeado de distintas teorías; y el Carrer de l’Allada-Vermell refleja cómo el crecimiento y las transformaciones de la ciudad también han dejado huella en su trazado. Recorrerlos es descubrir una Barcelona diferente, donde cada nombre, cada callejón y cada detalle puede esconder una historia.  

Lo interesante de este recorrido es que muchas de estas vías están a pocos pasos de lugares muy conocidos. No hace falta buscar una atracción escondida a las afueras para encontrar una Barcelona diferente: a veces basta con abandonar durante unos minutos la avenida principal. 

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